abril 08, 2005

DIARIO DE UN NACIONALISTA (SEGUNDA PARTE)

2. EL PARTIDO

Después de conseguir todos estos logros histórico-científicos, los patriotas nos organizamos debidamente y formamos un partido político, el VAINA (Vaktmester Absolutt Innfodt Nabo, es decir Los Absolutos Custodios de la Vecindad Autóctona).
Empezamos siendo tan sólo cuatro Vainas, pero pronto nuestro proselitismo dio sus frutos y comenzamos a ganar adeptos. En principio nuestra labor se dedicó a convencer a los mozos del pueblo que no tenían trabajo y se pasaban los días en el bar. Este público objetivo lo seleccionamos porque creemos en la justicia, y estos jóvenes marginados no podían quedarse fuera de la sociedad, si bien, como siempre salieron malintencionadas críticas que apuntaban a que escogimos a estos porque eran los más bestias del pueblo, y estando como estaban borrachos a todas horas, se hubieran apuntado hasta a una ronda de bofetadas, y que además les prometimos barra libre perenne en la sede de nuestro partido, la primera de las diez VAINA-tabernas que repartimos por el pueblo.
A partir de aquí, fueron cayendo como moscas los discípulos que se fueron adhiriendo a nuestra causa. Nuestro mensaje fue calando hondo en los vecinos, aunque no es menos cierto que el trabajo que realizaron los mozos fue encomiable, y en muchos casos expeditivo, pero es que a veces una cierta violencia es necesaria porque la gente es muy borrica, y no quiere darse cuenta de lo que es bueno para ella. Tan importante fue el trabajo de los muchachos, que a partir de aquí se les uniformó y constituyeron la célula madre de lo que más tarde serían los BERZAS (Brigadas Especiales Represivas de Zafarrancho y Asalto Subversivo). Tal fue el éxito de nuestra campaña, que en las siguientes elecciones municipales, conseguimos un 2% del electorado, lo que nos permitió acceder a varias Concejalías aliándonos con uno de los dos partidos principales que quedaron empatados con un 49% cada uno.
Fue entonces cuando empezaron a notarse los cambios en el pueblo. Por parte de la Concejalía de Cultura, que se la dimos a Knut, se consiguieron grandes logros. En las fiestas del pueblo, se sustituyó la tradicional banda de música por otra que tocaba los verdaderos instrumentos propios de nuestro pueblo, como el violín Hardanger, el cuerno de madera “lur”, o la cítara noruega langeleik. Suplimos los pasodobles y las jotas castellanas por las polkas y reinlenders, o incluso por las formas más antiguas de éstas como el springar, gangar y lyarslatt.
No menos importante fue el avance en educación. Nuestro concejal Gregoriostok, consiguió que la enseñanza en los colegios e institutos, se diera en noruego. Este era un tema de vital importancia, ya que por un lado se conseguía erradicar el odioso idioma que nos habían impuesto por la fuerza desde hacía siglos, y por otro, los niños que sólo hablaran noruego no podrían comunicarse con nadie más que con gente del propio pueblo, y así no se volvería a contaminar nuestra tierra con invasiones del exterior. No podrían escuchar ni leer nada que no viniera de nosotros mismos. También nos asegurábamos de esta manera, nuestra propia perpetuidad como partido en el poder, ya que si las nuevas generaciones sólo entendían nuestra lengua vernácula, a quién coño iban a votar.
Bien es cierto que pronto nos pulimos todo el presupuesto de varios años que tenía el ayuntamiento para estas dos concejalías en la compra de instrumentos, contratación de músicos, de profesores nativos -porque por desgracia y debido a la marginación que había sufrido siempre nuestra lengua, nosotros mismos no la hablábamos- en la edición de libros, folletos, carteles, pasquines y cualquier otro medio cultural o de difusión que se nos ocurriera. Ante las críticas sufridas de que estábamos dilapidando la economía municipal, pronto surgieron respuestas. Se estaban creando puestos de trabajo y riqueza, ya que un par de empresas de marketing que pronto simpatizaron con nuestra causa, se encargaron de gestionar todos los contratos que se producían en todo lo referente a la propagación de nuestra lengua. Además, ellos mismos se fueron encargando de que nuestro mensaje se fuera expandiendo por todos los rincones del pueblo, y de que a los habitantes del municipio se les creara la necesidad de hablar y sentir en noruego, su única y verdadera lengua, aunque hasta ese momento no lo hubieran sabido.
También subvencionamos dentro de nuestro partido, un sinfín de jornadas, cursos, actividades de todo tipo, tanto deportivas como culturales o gastronómicas, a cualquier ciudadano, previa afiliación al VAINA. Fuimos logrando especialmente con los más jóvenes, que toda su vida, tanto educacional como lúdica, transcurriera bajo nuestro manto, de modo que el patriótico mensaje cada vez calaba más hondo.
Como para todas estas acciones no nos llegaba el presupuesto, lo fuimos desviando de otras concejalías que disfrutaban de un buen número de subvenciones europeas, tanto para proyectos Leader o Proder de desarrollo Rural, como para mantenimiento de la agricultura y ganadería. También conseguimos derivar casi todo el presupuesto que estaba dirigido a la mejora de infraestructuras subvencionado por la Comunidad de Madrid.
Se alzaron voces en nuestra contra de otros concejales a los que les estábamos quitando su presupuesto, pero cuando entraron en acción los BERZAS que cada vez logramos que fueran más numerosos y mejor dotados, esas voces se apagaron. De hecho, muchos dimitieron y pusieron su cargo a disposición del alcalde cuando sus casas aparecieron incendiadas. El alcalde en un principio se opuso a nuestro muy democrático deseo de que ocupáramos esas concejalías que quedaban vacantes. Además le propusimos la posibilidad de que se produjera un cambio también en la alcaldía, puesto que éramos nosotros los únicos que teníamos el derecho a llevar las riendas de nuestra patria y ostentábamos el honor de ser los únicos bonnelandeses verdaderos. Bien es cierto que esta proposición vino acompañada de un levantamiento por el cuello por parte de uno de nuestros BERZAS. El alcalde no sólo no cedió, sino que entró en cólera y nos regaló un sermoncito cargado de tópicos y sinsentidos, que transcribo a continuación para que se vea hasta qué punto se puede ser manipulador de la realidad:

«Le estáis haciendo un lavado de cerebro a todo el pueblo que no conduce a nada bueno. Estáis engañando con falsos mitos y creando una confusión en los ciudadanos de tal calibre, que ya no saben qué pensar. Al fin y al cabo, la gente se fía de los políticos como se tiene que fiar de su médico. Uno no puede poner en duda cuando visita al doctor, que si éste le ha dicho que tiene el menisco roto, pues seguramente lo tenga, porque lo normal es que no seamos expertos en medicina y para eso están los profesionales. Igualmente cuando llevas un electrodoméstico estropeado al técnico, si te dice que la torsión hidráulica del rotor anverso está hecha migas, pues lo estará. Ya cuentas con que te pueden engañar o exagerar algo en su diagnóstico, pero insisto, como no puedes ser un experto en todo, pues más o menos te fías, y sinvergüenzas que te mientan completamente contamos con que no haya muchos. Del mismo modo ha de pasar con los políticos.
Cuando la gente oye en la radio o en la televisión tal cosa, o lo ve escrito en un libro o en un periódico, lo habitual es que se lo crea. Si no es a la primera, si machaconamente te lo repiten, acabas cediendo. Los humanos, que bastante tenemos con tener un cierto control sobre nuestro trabajo o quehaceres habituales, tampoco podemos o debemos – o simplemente no queremos - estar versados en disciplinas como el pensamiento político o la Historia. Como digo, si alguien ve escrito en un libro que Odd el Cojo fue el fundador de nuestro pueblo, y que durante siglos nos han estado explotando, humillando y marginando los infectos españoles, pues debe ser cierto. Cuánto más se pueden tragar esto los pobres niños que van a la escuela y que tienen menos criterio aún que los adultos para poder discernir entre lo verdadero y lo falso.
Hace no mucho tiempo, antes de que empezarais con vuestra locura, los vecinos vivían tranquilos, dedicados a sus cosas, a sus trabajos, a mejorar su calidad de vida, a disfrutar de su tiempo libre en paz con el mundo. Bastante tenía cada uno ya con los problemas que la propia vida te va adjudicando. Pero ahora, muchos de ellos destilan odio por sus venas, odio y rechazo a los habitantes de los pueblos limítrofes con el nuestro y a sus propios vecinos que no comulgan con estas ideas tan excéntricas. A esos mismos vecinos con los que antes convivíamos perfectamente unidos, sin diferencias, con los mismos problemas e inquietudes, con los mismos deseos de mejorar, con las mismas costumbres, música, juegos, tradiciones, y algo que certificaría el mismísimo Perogrullo: la misma lengua.
Pero en vuestro afán de diferenciaros, hasta la lengua vais a hacer que desaparezca. Sólo por justificar que sois distintos, que tenéis algo especial que os aleja absolutamente de todo lo que os rodea, por el rechazo cerril que tenéis hacia los demás. Permitís que vuestros hijos vayan a educarse en la incultura más absoluta por vuestro fanatismo. La lengua, que es ni más ni menos nuestra más bella y eficaz herramienta de comunicación, estáis consiguiendo que sirva justo para lo contrario. Obligando por la fuerza a todo el mundo a que aprenda un idioma que nunca habían hablado, conseguís poner de manifiesto otra de las abundantes e incoherentes hipocresías en las que os prodigáis: actuáis de la misma forma que infundadamente criticáis que se ha procedido en nuestro pueblo por parte de los fascistas invasores.
¿Y qué me decís del conflicto este que tanto cacareáis que ya dura siglos? Tu misma casa, Celestino, está adosada a la casa de tu cuñado Casto. Y el tabique que compartís, sabes que hace linde entre nuestro pueblo y el vecino. Pues bien, ¿cómo es posible que habléis de un conflicto que dura siglos, que hemos sido invadidos, injuriados, maltratados, ofendidos, que nos han impuesto por lo métodos más abyectos una cultura que no es la nuestra, un idioma ajeno a nosotros, unas costumbres desconocidas, y que tu cuñado Casto que vive pegado a ti pero con el pequeño detalle que pertenece a otro municipio por aquello de la ordenación territorial, no se haya enterado de que hay un conflicto? ¿Cómo es posible que él y tu hermana vivan tan tranquilos sin haber sufrido todas esas humillaciones porque están empadronados a medio metro de ti?
Y tú Canuto, o Knut como ahora te haces llamar, ¿qué tienes que decir de la pureza de vuestra raza, que lleva durante tantos siglos sin mancharse con gen ajeno? ¡Pero si tú eres de Zaragoza, desgraciado, y viniste con tu familia hace sólo siete años, y aquí se os acogió con los brazos abiertos!
Es más, ¿por qué os protegéis detrás de esas máscaras de la raza, de la patria, o de vuestra singularidad? ¿Acaso eso os hace ser más listos o más guapos, por tener vuestro hecho diferencial? ¿Os habéis creído que por decir que pertenecéis a una raza superior, ya sois superiores? Buscáis la manada, porque individualmente no tenéis fuerza, ni personalidad, ni valéis un carajo.
Decís que buscáis la libertad, la democracia, la paz. Que queréis devolver a la gente la dignidad que había perdido durante tanto tiempo, y que sois vosotros los designados para tan noble fin. Y para ello habéis agotado casi todo el presupuesto municipal en vuestras demencias. Predicáis que es más importante que la gente aprenda noruego a que estén todas las calles asfaltadas. Que se aprenda a tocar el violín Hardanger en vez de que los ganaderos y agricultores tengan sus ayudas cuando viene la lengua azul o el pedrisco o hay sequía; que se aprenda a bailar la polka es prioritario a que construyamos el nuevo consultorio, o que rehabilitemos el Hogar de los Mayores, con la falta que estaba haciendo.
¿Os creéis realmente que todas esas cosas son las que la gente necesita? ¿Buscáis realmente su felicidad, su bienestar, su calidad de vida? ¿Habéis resuelto algún sólo problema a la ciudadanía, o por el contrario se los estáis creando?
Cualquiera mínimamente sensato que no esté influenciado por vuestra propaganda, demagogia, y por el terror que infundís, sabe que la gente os importa un bledo. Que sólo hacéis esto por el fanatismo que tenéis, por la alucinación que sufrís y por conseguir y mantener las malditas poltronas del poder».

En este punto, Agustinsson le cortó en seco:
- ¡Hasta aquí podíamos llegar! -le dijo-. ¿Por qué entonces te aliaste con nosotros después de las elecciones cuando no teníamos más que el 2% de los votos y nos entregaste varias concejalías? ¡Por mantener tu poltrona, capullo! Así que ahora no vengas de digno y honrado, que el poder te gusta tanto como al que más.
- Efectivamente –terminó el alcalde-. Fui un auténtico capullo. Creía que erais unos charlatanes y que pronto se os pasaría esa fiebre, pero no calculé bien. Al menos ahora haré lo que tengo que hacer y me mantendré firme en mi puesto.

Sin embargo, a la mañana siguiente cambió de opinión. No sé si tuvo algo que ver que su hijo apareciera desnudo y maniatado en lo alto del campanario y con un cartelito colgando del cuello que decía “La próxima vez te esperaré abajo, papá”.

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